Hoy sí es un día clave en nuestro cielo
Por Alicia Vidal
Desde que comencé a estudiar astrología me di cuenta de una manera más contundente de cómo nuestra vida está modulada al ritmo de ciclos de diversa magnitud y trascendencia. Y además de estar siguiendo el día a día de ver por ejemplo donde anda la luna, que va pasando de signo en signo cada dos días y nos regala una nueva fase cada semana, me fascinó descubrir el entramado de los movimientos más lentos que se dan en el cielo y que no forman parte de la cotidianeidad sino que marcan un cierto punto bisagra.
De lo Simbólico a lo Real
Descubrí también que es muy difícil llenar de contenido específico cómo se desplegarán las energías que simbolizan los movimientos astrales. La visión de lo que pasa en el cielo desde el punto de vista astrológico está cargada de contenidos simbólicos donde cada elemento tiene un rol, una función, un ritmo, un tono, y conforman arquetipos.
Muchas veces me resulta fácil utilizar la analogía de la comida para dar una idea de cuan complejo puede ser aplicar una lógica determinista. Por ejemplo, pensemos en un limón, sabemos que es una fruta y es ácido, esa es su esencia. Pero, en qué contexto se encuentra: con un pollo al limón, en un lemon pie, en una limonada, como aderezo en una ensalada, en un helado, como ralladura para un budín…?
Pensemos ahora en los cuatro elementos que modulan nuestra vida: el agua nos sacia la sed, el agua nos ahoga; el fuego nos brinda calor frente al frío, el fuego nos quema; el aire nos oxigena, el aire no nos contiene; la tierra nos da apoyo, la tierra nos entierra. Y es desde esta mirada que quiero abordar lo que pasa en el cielo, y digo nuestro cielo porque justamente aludo a la visión simbólica de lo que representa.
Mas allá de las alertas astrológicas
En los últimos años, cada semana parece haber una “alerta astrológica”. Todo es histórico, todo es decisivo, todo es un antes y un después. Y cuando todo lo es, la palabra pierde peso. Cuando el buscar clicks ya es moneda constante en todos los temas, la astrología viene como anillo al dedo para generar atención.
Pero este 20 de febrero de 2026 si es particularmente distinto. No por espectacular ni por místico, sino por raro en serio. Este día, Saturno y Neptuno se encuentran en el grado cero de Aries: el punto exacto donde empieza el zodíaco.
Saturno y Neptuno se conjugan aproximadamente cada 36 años. Eso es parte del ritmo cíclico del cielo. Pasó, por ejemplo, en 1989, coincidente con la caída del Muro de Berlín, cuando hicieron conjunción en el signo de Capricornio. O más atrás en el tiempo cuando coincidieron en Libra en 1952 en pleno período de Guerra Fría. O en 1917 cuando hicieron conjunción en Leo, coincidiendon con la Revolución Rusa. Y así, yendo para atrás y para adelante en ciclos de aproximadamente 36 años Saturno y Neptuno se “encuentran” par a par en el cielo.
Pero, ya si vamos a considerar cuando se juntaron en el signo de Aries hay pocos puntos a marcar en el calendario. La última vez fue en 1703, a los 11 grados de Aires, o sea, hace 323 añós. Y buscando hechos destacados del momento salta en primera línea La Gran Tormenta que dio lugar a un libro que es considerado una de las primeras crónicas periodísticas y que fue autoría de Daniel Defoe, el mismo que dio vida a Robinson Crusoe. Más atrás, también coincidieron en 1380 a los 21 grados de Aries, y esos fueron tiempos de reconstrucción post peste negra que había desvastado a gran parte de la población europea.
Pero lo que no forma parte de la historia conocida es lo que se da este 20 de febrero 2026.
Que esta conjunción caiga en Aries ya es poco frecuente. Pero que ocurra en el primer grado del signo, en el punto cero del zodíaco, es algo que —según las efemérides de largo plazo— no sucedía desde hace más de seis mil años.
No siglos, milenios. (Se puede consultar el artículo publicado en The Evolving Astrologer o el interesante análisis de Yasmin Boland). En las efemérides conocidas que contienen las posiciones planetarias históricas y las que estás por venir no está documentado pero en publicaciones especializadas se dice que la conjunción de Saturno y Neptuno en el grado cero de Aries, o sea, al comienzo del círculo zodiacal, se dio en el año 4361 a.C., o sea, hace 6.000 mil años atrás. La humanidad de ese entonces estaba en el período Neolítico tardío pasando del nomadismo al sedentarismo. O sea, a grandes rasgos se puede distinguir que fue un momento clave en la evolución.
De lo cotidiano a lo extraordinario
En otras palabras: no estamos ante “otro tránsito importante” ante otra Luna “nosécuanto”, sino ante un evento de umbral, de esos que marcan un hito.
¿Por qué importa tanto Aries? Porque Aries no es un signo de balance ni de cierre: es el signo del comienzo, es puro fuego, pura energía de acción, de liderazgo, de empuje. Es el “yo soy”, el primer paso, el impulso vital, la chispa que enciende algo que todavía no existe. El zodíaco empieza ahí. Simbólicamente, es el lugar donde algo nace.
A su vez, en ese lugar, en ese grado cero de Aries, se encuentran dos fuerzas que no podrían ser más distintas.
Saturno es la estructura, el límite, la forma, el tiempo, la responsabilidad, el control, la forma. Es el planeta que construye, que pone reglas, que dice “esto se sostiene” y “esto no”, se va para acá o para allá. Define, decanta, filtra.
Neptuno es lo contrario: es el sueño, lo invisible, lo simbólico, la fe, la confusión, lo que no tiene bordes claros como el agua. Es inspiración, pero también desorden si no hay anclaje.
Uno quiere dar forma.
El otro quiere disolver las formas.
Uno quiere construir.
El otro quiere que todo vuelva a ser posibilidad.
Que se encuentren justo en el punto donde todo empieza plantea una pregunta de fondo, más cultural que astrológica: ¿qué hacemos con nuestros sueños? ¿Los dejamos en el plano de lo ideal, de lo inspirador, de lo que “algún día”? ¿O intentamos construir algo real con ellos, aunque sea imperfecto, aunque cueste, aunque implique límites y responsabilidad?
No pretendan respuestas cerradas…
Y aquí vamos a las preguntas típicas que nos hacemos: qué pasará, me sirve o no me sirve, qué hago… y así.
Pero, como les dije, al adentrarme en el mundo de la astrología me doy cuenta que las respuestas no nos vienen dadas, tenemos que descubrirlas, y esa es la magia, nuestra propia magia, la de descubrir qué camino podemos elegir o develar qué nos está presentando la vida como escenario y cómo lo vamos a actuar. Que no haya respuestas únicas no significa que no nos brinde una hermosa cosmovisión para descubrir sentidos. Siempre tenemos que seguir preguntándonos cosas pero esta visión nos brinda un marco de análisis, como de contexto.
Al leer este momento desde el punto de vista astrológico distingo los puntos esenciales: el encuentro en el cielo de dos energías de muy distinta funcionalidad que no suelen acoplarse tan habitualmente y donde una busca la estructura y la forma, y la otra va hacia la ilusión y la disolución. Por otra parte, se juntan en el punto de largada de un ciclo, en el momento donde todo empieza, donde todo es un “dar de nuevo”.
De imaginar a realizar
Y esto… ¿qué supone?. Larguemos hipótesis. Sería claramente un momento bisagra de inicio de algo donde hay que conjugar la imaginación con la realidad, lo intangible con lo tangible. Me gusta pensar que es el momento de darle forma a los sueños, a lo soñado, a ponerle estructura a la ilusión, a darle contención a lo deseado. Pero, no suena como un algo estático, de declamación sino de puesta en marcha, marcado por ese grado 0 de Aries, es momento de “manos a la obra, vamos a cumplir el sueño”. (Y atenti! les hago una advertencia, gran parte de este análisis tiene que ver con cierta dosis de sesgo de entusiasmo que tengo y eso también está marcado en mi carta astral, que tal vez algún día detalle.:)
En esta línea de tratar de leer nuestra realidad con lo que pasa simbólicamente en el cielo vinculé en otro artículo este momento con el slogan de los autos BYD que detentan el slogan “Build your Dreams” (Construí tu Sueño), algo que parece a medida de este análisis.
Por eso este tránsito no habla de un evento puntual ni de una fecha mágica. Habla de un cambio de capítulo. De una nueva tensión entre imaginar y hacer, entre soñar y sostener, entre disolver lo viejo y animarse a fundar algo nuevo.
Podríamos decir que es como un momento semilla. También me viene la imagen de un encender una vela porque pienso en el fuego de Aries y en la ilusión de Neptuno, pero al mismo tiempo, imagino algo enérgico y activo como Saturno y que dice “no te quedes solo con la ilusión, activála”… Veremos entonces cómo se manifiesta este tiempo en el cielo y que nos depara a nivel humanidad y a nivel personal, sin dudas con la singularidad que trae lo diferente a lo ya conocido.
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